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Agua de Carabaña 

Fue en el siglo pasado cuando, por sus propiedades purgadoras y beneficiosas para afecciones alérgicas y dermatológicas, el agua embotellada y los jabones de sales de Carabaña llegaron a todos los rincones del mundo de la mano de Don Ruperto Jacinto Chávarri, quien en 1883 inició la explotación con el nombre de “La Favorita”.

La llegada del ferrocarril determinó el auge de la industria llegando la empresa a contar entre 1928 y 1936 con más de un centenar de empleados. El Agua de Carabaña, se comercializaba en cuatro continentes, alcanzándose la cifra de cuatro millones de botellas vendidas al año.

Cartel publicitario de la época, hallado y conservado en la estación de Metro "Sevilla" de Madrid. Es obra de Baldrich, gran dibujante de los años veinte del siglo pasado, quien junto con Penagos, ilustró el nuevo paradigma femenino de su tiempo.

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Las aguas de Carabaña fueron analizadas y avaladas por el mismísimo Ramón y Cajal cuando trabajaba en el Instituto de Higiene Alfonso XIII, que fundó el Doctor Carlos María Cortezo, presidente del Consejo de Estado, y muy vinculado a Carabaña por pasar aquí los veranos en su infancia.

Aval científico 

En 1885, la Academia de Medicina de París autorizó el uso del Agua de Carabaña en Francia con el nombre de "La Santé", que fue presentada en las exposiciones y congresos médicos de la época, obteniendo numerosos premios, entre otros en la Exposición Universal de Paris de 1889. En 1948 ya había obtenido 12 medallas de oro y 11 diplomas de honor.

En 1904 se comenzó a elaborar el jabón y en 1928 el Agua de Carabaña, fue declarada de utilidad pública.  

Por vía tópica, el Agua de Carabaña está especialmente indicada para uso en tratamientos para reumatismos crónicos, rinitis, procesos alérgicos, bronquitis, distonías vegetativas, estrés psíquico, luxaciones, esguinces y contusiones.

Un lugar magnético

 El manantial se encuentra en el Cerro de Cabeza Gorda, en una mina de sal que enriquece las aguas con alta mineralización en sulfato de sosa, cloruro de calcio y sulfuro de sodio, benefactores para la salud.

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